Wednesday, January 18, 2006

La Imposible

Lo que soy de ahora en más no me va a bastar, dije. Pero el mar me devolvió intacta.
Demasiado salvaje. Demasiado en estado puro. Perdí la ingenuidad pero no la inocencia. Conocí las muertes del amor y las desgarraduras del odio. Y me corté y me bebí para saberme en muchas cosas, por ejemplo
en esta playa muy fría el miedo no amenaza, porque sé de perderte. Sé de saberte muda en un muelle anunciando una profundidad muy perfecta, de una soledad que dá vértigo.
Algo nos perdió por separado.
Ojalá entendieras, para llevarte un poco de entendimiento, por qué las veces que te abracé por un tiempo larguísimo y con una fuerza exagerada; por qué siempre invariablemente leo descalza, o camino mirando para arriba; por qué sos el punto de partida de todas mis carreras y el barrilete y esas cosas, para nada infantiles; o entendieras al menos por qué me duelo en lo humano de todas las cosas.
Te vas, con la cara seria y rota que no puedo verte.
Y no importa nada. Que se acabe el dulce de leche no importa. No importa la piedra en el zapato. Que el otoño sea mentira. Nada importa. Vos y tu universo muerto de asfixia. No alcanzan los esfuerzos de arbolitos bien plantados en filitas por la cerca, ni colores aromáticos en todas las esquinas. Lo cambiarías todo por una razón suficientemente válida, por algo o alguien verdadero, algo o alguien que haga de vos misma un lugar más habitable.
¿de cuántas formas más te voy a perder?.
Si no te mira es porque algo le habrás hecho con los ojos.
Te vas definitivamente, caminando raro como siempre.
Y con esa imagen pequeña, siempre cada vez mas pequeña, escucho pronunciar tus pasos y me voy recitándolos de memoria por la arena helada.
Y no te extraño. Todavía.