El golpe de la puerta lo anuncia, y ella esta de espaldas. Aquel hombre previamente respiro 10 veces antes de entrar, porque no se puede matar tantas miserables vidas sin tomarse después un momento para descansar, y si es por frialdad, en realidad el esta pensando sólo en ella, en el frío de una espalda abierta a sus brazos, donde limpiará salvajemente la sangre seca de sus manos infieles.
La mujer se estremece y mide la distancia de los pasos que rodean y tientan sus deseos, ¡oh maldita condenada a nunca morir eternamente! En su habitación siempre hay una ventana, pero quiera o no, cuando el está se van las ganas de saltar.
El hombre por fin se decide a alcanzarla y dibuja algo con los dedos en el hombro de la mujer, donde el arte consiste principalmente en que no te entiendan lo que dibujas, para q el otro pueda servirse de su interpretación que para algo está. Ella le acaricia el pelo con sus manos, como una soga que pronto bajara a colgarse de su cuello para agotarle el aire dulcemente.
Si ud cree que las cosas están mal, no se compadezca todavía, siempre están peor. Solo basta con mirar un poco más atentamente, pero mejor es directamente no mirar, como esta mujer que no piensa en la vida del [su] hombre fuera de sus piernas y recetas para amar, ni tampoco en quien lo recibe acabado y lo tiene para sí tanto tiempo mas que ella, tanto tanto tiempo.
Ahora él la da vuelta y le lleva la cara a la altura de su cara (no abras los ojos querida, no los abras), le peina las pestañas y en susurro la invita a revolver en su bolsillo, donde si tiene suerte encontrará una agradable sorpresa. Ups, mira lo que encontraste. La arrastra con aplicado erotismo hacia la comodidad de la cama(porque la quiere, claro esta) a esta mujer que jamás sabría negársele, que su sola mirada hace efervescencia en las aguas de su sexo. El la desconoce y la vuelve a conocer en sus manos, reconoce sus pedazos de piel más vulnerables, y los explota sin cansancio, los roza y los exprime; insiste en su entrada como un exiliado implorando refugio; sus juegos la abarcan entera, respondiendo a las exigencias de sus gestos hasta encerrar al ultimo gesto. El se sirve de ella hasta que su volcán hace erupción, y eso es todo(agradecé, maleducada).
El silencio se anuncia como un beso frío en la nuca.
El se va y la deja desparramada en la cama, con la cara transpirada y la boca y el sexo con gusto a lengua ajena, rendida mirando la ventana sin fuerzas (o valor) para levantarse, esperando como siempre que la noche pegue se ultimo grito y se suicide, hasta el otro día que renace sólo para volverse a suicidar. Y asi vamos.

